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Los estilos de apego explicados

  • Redactado por el equipo de Brain Quiz
  • Actualizado el 8 de agosto de 2026
  • Publicado el 8 de agosto de 2026
  • 6 min de lectura

Esta página define los cuatro estilos uno a uno, reconstruye de dónde viene el modelo y dice qué han medido realmente los estudios sobre su estabilidad. Evita a propósito la fórmula más extendida en internet, «los evitativos hacen esto»: lo que describen estos trabajos es una posición sobre dos ejes, no una casilla en la que se entra.

1¿Cuáles son los estilos de apego?

En adultos se describen habitualmente cuatro estilos. Cada uno nombra una manera habitual de gestionar dos cosas a la vez: la necesidad de cercanía y el temor a perderla. Las definiciones siguientes describen movimientos, no caracteres.

  • Seguro: la cercanía resulta cómoda y la autonomía también. Pedir ayuda cuesta poco, y un desacuerdo no se vive como una amenaza para el vínculo.
  • Ansioso, también llamado preocupado: la necesidad de cercanía es intensa y la duda sobre la disponibilidad del otro vuelve a menudo. Las señales de alejamiento se detectan pronto y pesan mucho.
  • Evitativo, también llamado distanciado: la autonomía va por delante y depender incomoda. Las emociones se resuelven más bien a solas, y la distancia es lo que calma.
  • Desorganizado, también llamado temeroso: coexisten los dos movimientos, buscar la cercanía y protegerse de ella. Es la más delicada de las cuatro descripciones y la que peor se emplea.

Estos cuatro referentes se leen mejor como los cuadrantes de un plano que como casillas. Los dos ejes son la ansiedad de abandono, es decir el temor a que el otro se aleje, y la evitación de la cercanía, es decir la incomodidad ante la dependencia.

Los cuatro estilos situados sobre las dos dimensiones continuas.
EstiloAnsiedad de abandonoEvitación de la cercanía
SeguroBajaBaja
Ansioso (preocupado)AltaBaja
Evitativo (distanciado)BajaAlta
Desorganizado (temeroso)AltaAlta

2¿De dónde viene este modelo?

De la observación de niños de un año. En 1970, Mary Ainsworth y Silvia Bell publicaron en Child Development un procedimiento en el que un bebé se separa de su figura de referencia y después vuelve a encontrarla, en una sala desconocida. Es el reencuentro, más que la separación, lo que revela tres maneras distintas de gestionar ese momento.

Más tarde se añadió una cuarta descripción para conductas conflictivas o desorientadas que no encajaban en ninguna de las tres primeras. Un texto de consenso firmado por más de cuarenta investigadores, publicado en 2017 en Attachment & Human Development, advierte de forma explícita sobre su uso: esa clasificación no es un referente validado a nivel individual, no permite establecer nada sobre la historia de un niño, y su sensibilidad y su especificidad son insuficientes para ese fin.

El paso a la edad adulta data de 1987, con el artículo de Cindy Hazan y Phillip Shaver en el Journal of Personality and Social Psychology, que propone leer la relación amorosa como un vínculo de apego. El modelo de cuatro casillas lo propusieron en 1991 Kim Bartholomew y Leonard Horowitz, a partir de dos ejes: la representación de uno mismo y la representación de los demás.

Una última etapa explica por qué conviene hablar de tendencias y no de tipos. En 2000, Fraley, Waller y Brennan reanalizaron los cuestionarios autoinformados de apego adulto y mostraron que describen mejor dos dimensiones continuas que un juego de categorías. Dicho de otro modo, la frontera entre dos estilos vecinos no existe en los datos: es un recorte de lectura.

3¿Puede cambiar un estilo?

Sí, y los estudios longitudinales dicen algo más preciso todavía. La síntesis de Fraley y Roisman, publicada en 2019 en Current Opinion in Psychology, extrae cuatro enseñanzas de esos seguimientos, y ninguna apunta a un destino fijado.

  • El apego adulto parece originarse en las experiencias tempranas de cuidado, pero esas asociaciones son débiles e inconstantes de una medida a otra.
  • Los estilos parecen más maleables durante la infancia y la adolescencia que en la edad adulta.
  • Las experiencias tempranas no determinan los resultados adultos.
  • Queda mucho por entender, en particular los patrones propios de cada relación en lugar de un estilo único por persona.

La consecuencia práctica va en dos direcciones. Un resultado obtenido a los veinte años no dice cómo será un funcionamiento a los cuarenta. Y a la vez, no conviene esperar que el cambio sea rápido o espontáneo: la maleabilidad observada es mayor antes de la edad adulta, lo que hace el trabajo más lento después, no imposible.

4¿Qué hacer con esta lectura dentro de una relación?

El uso realmente útil de este vocabulario es descriptivo: ayuda a nombrar un encadenamiento, no a señalar a un culpable. El momento en que se vuelve dañino es fácil de detectar: es aquel en que sirve para explicar la conducta del otro en su lugar.

  1. Describa una situación concreta y reciente en lugar de un estilo: qué se dijo, qué sintió usted, qué hizo después.
  2. Fíjese en el encadenamiento y no en el punto de partida. Una petición de cercanía y una necesidad de distancia se alimentan mutuamente, y buscar quién empezó no lleva a ninguna parte.
  3. Formule una necesidad observable, no un veredicto sobre la persona: «necesito que nos digamos a qué hora volvemos» se puede hablar, «eres evitativo» no.
  4. Si el tema vuelve y pesa, un profesional formado en terapia de pareja o individual trabaja exactamente sobre eso.

Lo que esta guía no dice

Esta página define un vocabulario y reconstruye su origen. No trata las terapias, ni las situaciones de violencia en la pareja, ni el apego en la infancia en el día a día, y no sustituye ningún consejo profesional. Sobre todo, no describe tipos de persona: los cuatro estilos son referentes situados sobre dos dimensiones continuas, varían según la relación de la que se hable y cambian con el tiempo. Ningún cuestionario de este sitio, incluido el de estilo de apego enlazado al final de la página, permite afirmar ni descartar nada sobre usted ni sobre otra persona.

Preguntas frecuentes

¿Se puede cambiar de estilo de apego?
Sí. La síntesis publicada en 2019 por Fraley y Roisman recuerda que las experiencias tempranas no determinan los resultados adultos y que los estilos son más maleables durante la infancia y la adolescencia que después. Un cambio en la edad adulta es posible, aunque más bien lento, y llega sobre todo a través de relaciones duraderas que contradicen la expectativa inicial.
¿Un estilo de apego es un trastorno?
No. No es una categoría de salud y no figura en ninguna clasificación de trastornos. Un estilo describe una tendencia relacional medida sobre dos dimensiones continuas, la ansiedad de abandono y la evitación de la cercanía. Una posición incómoda en esos ejes puede hacer sufrir, y es ese sufrimiento, no la etiqueta, lo que puede requerir a un profesional.
¿Qué significa un apego desorganizado?
La descripción nombra la coexistencia de dos movimientos contrarios: buscar la cercanía y protegerse de ella al mismo tiempo. Es además la categoría más frágil del modelo. Un texto de consenso firmado por más de cuarenta investigadores en 2017 recuerda que no es un referente validado a nivel individual y que no permite concluir nada sobre el pasado ni sobre el futuro de una persona.

Fuentes

  1. Ainsworth, M. D. S., & Bell, S. M. (1970). Attachment, Exploration, and Separation: Illustrated by the Behavior of One-Year-Olds in a Strange Situation. Child Development, 41(1), 49-67. DOI 10.2307/1127388 (abre una pestaña nueva)Procédure d'observation à l'origine des trois premiers patrons décrits chez le nourrisson.
  2. Hazan, C., & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511-524. DOI 10.1037/0022-3514.52.3.511 (abre una pestaña nueva)Première transposition du modèle aux relations amoureuses adultes.
  3. Bartholomew, K., & Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults: A test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226-244. DOI 10.1037/0022-3514.61.2.226 (abre una pestaña nueva)Origine du modèle à quatre cases chez l'adulte.
  4. Fraley, R. C., Waller, N. G., & Brennan, K. A. (2000). An item response theory analysis of self-report measures of adult attachment. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 350-365. DOI 10.1037/0022-3514.78.2.350 (abre una pestaña nueva)Analyse des questionnaires auto-rapportés : deux dimensions continues plutôt que des catégories.
  5. Granqvist, P., Sroufe, L. A., Dozier, M., Hesse, E., Steele, M., van IJzendoorn, M., et al. (2017). Disorganized attachment in infancy: a review of the phenomenon and its implications for clinicians and policy-makers. Attachment & Human Development, 19(6), 534-558. DOI 10.1080/14616734.2017.1354040 (abre una pestaña nueva)Texte de consensus signé par plus de quarante chercheurs. Rappelle que ce classement n'est pas un repère validé au niveau individuel.
  6. Fraley, R. C., & Roisman, G. I. (2019). The development of adult attachment styles: four lessons. Current Opinion in Psychology, 25, 26-30. DOI 10.1016/j.copsyc.2018.02.008 (abre una pestaña nueva)Synthèse des travaux longitudinaux : liens précoces faibles et inconstants, malléabilité plus grande avant l'âge adulte.

Estos cuestionarios tratan el tema de esta guía. Cada uno indica el origen de sus enunciados y su forma de cálculo.

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